lunes, 3 de diciembre de 2012

77,7 kg 3-DIC. MIEDO: lo mejor

Hoy pesé 77,7 kilos. Mañana espero pesar menos de 77,5 kilos. Ya se verá. Como como siempre. Me peso a la mañana, al llegar a casa y al acostarme. Todo bien.

Estoy algo triste, desconcertado, en suma con algo de miedo. Y el miedo es una sensación que pocas veces tuve, salvo en discusiones violentas con algunos de mis actuales clientes (personas marginales en la comundiad, drogadictos, personas que estuvieron en la cárcel por distintos motivos, personas sin empleo y sin recursos: en suma, personas en una situación similar a la que yo considero como una posibilidad de verme yo mismo en el futuro). Bueno digo discusiones violentas en ocasiones, porque yo trabajé como promotor inmobiliario (compraba terreno, contrataba a un arquitecto que hacía el proyecto, solicitaba licencia en los ayuntamientos, contrataba a un constructor la estructura del edificio y a otros muchos profesionales el resto de oficios necesarios para terminar el edificio, y también publicitaba los futuros pisos, cobraba entregas a cuenta y finalmente los escrituraba a favor del comprador, y luego durante 2 ó 3 años corregía desperfectos de las viviendas) y ahora además de quedárseme los bancos con varios edificios en distintas zonas, mis ingresos actuales provienen únicamente de algunos alquileres, y entre ellos los de un edificio de 10 pisos y 2 bajos comerciales que no tiré porque no fui capaz (afortunadamente) de echar a la p. calle a 2 inquilinos que estaban en sus pisos desde los años 50 y que me pagan sólo 38 euros al mes uno de ellos y el otro 38,25 euros al mes. Y lo dicho, ese edificio, que está muy mal, pero al menos no lo tiré (si lo llego a tirar e iniciar el nuevo edificio, ahora también sería de los bancos) no se puede alquilar obviamente a personas con poder adquisitivo y exigentes, sino que tengo que alquilarlo a los más desfavorecidos (cobran el Risga, les ayuda Cáritas, la Cruz Roja y el Concello, o el inem, por haber estado en la cárcel los últimos años y cobran el paro), pero lo cobran a lo mejor sólo un mes, o unos pocos meses, y (logicamente) quieren seguir en las habitaciones alquiladas incluso sin pagar, creando conflictos, o trayendo a su habitación a personas todavía mucho más problemáticas que ellos. Pues ahí es donde en alguna ocasión he sentido miedo (aunque me he repuesto y creo que siempre supe ocultar el miedo y aparentar valentía, aunque casi meándome por los pantalones y esperando recibir un golpe o incluso algo peor). Bien, hasta ahora más o menos voy tirando y todavía no sufrí ninguna agresión física, aunque multitud de agresiones verbales, pero por ahora esas no duelen.


Bueno, eso no era el caso, sino que el objeto de esta entrada es señalar que, según mi punto de vista simple y sin mucho análisis, a lo largo de la historia hubo numerosos expertos en gestionar el miedo de los demás para obtener beneficios de toda índole: económicos, sexuales, para aumentar su  ego, y para otros muchos que ahora no se me ocurren.

Así, por ejemplo las religiones (cualquiera) echaron mano de miedos muy gráficos que personas analfabetas e incluso incultas  pudieron entender fácilmente: el demonio, el infierno y otros horrores similares en otras religiones. Así, los jerifaltes, al introducir esos miedos intensos lograban subyugar a todas esas personas creyentes (creyentes en esos horrores) y lograban que más o menos hiciesen lo que los que mandaban querían, pues el miedo a esos horrores que les introdujeron en su cerebro, era muy superior a cualqueir beneficio terrenal que pudiesen obtener. Por ello hacían dóciles y domesticaban a cualquiera: sólo era necesario encontrar la manera de meterle ese inmenso miedo en el cuerpo.

Bien, ahora muchos de nosotros somos más cultos, y casi todos sabemos leer y escribir (aunque no sabemos tanto discriminar informaciones válidas de inútiles o de informaciones falsas y traicioneras), razón por la cual ya no nos meten miedo los demonios, el infierno o los cancerberos de 7 cabezas o similares, tampoco el hombre del saco ni el lobo feroz. Se precisa buscar otros miedos: miedos que sí tenemos, y una vez que se da con nuestros miedos, explotarlos y dominarnos psicológicamente. Así hacen las sectas (muchas de ellas)

Y así hacen algunas personas: nos meten miedos para tratar de llevarnos a su lado, y lograr que hagamos lo que ellos se proponen. Obviamente esas personas serán más o menos malas o incluso malísimas, pero desde luego son coginitivamente más listos que nosotros, pues saben descubrir nuestros miedos y puntos débiles y se aprovechan de ellos.
Esas personas pueden incluso ser personas muy próximas a nosotros: nuestro marido o nuestra mujer, nuestro padre o nuestra madre, nuestro profesor, o nuestra madre adoptiva, novia, novio, amigo, amiga.

Ojo: siempre hay que estar alerta, ALERTA y NO COMULGAR CON RUEDAS DE MOLINO: no creernos todo lo que nos digan y no sentir lástima por lo que nos digan otras personas si no se contrastan los hechos con realidades: debemos recordar que HABLAR es lo más fácil que los seres humanos sabemos hacer y lo que menos esfuerzo nos genera y además es con lo que más podemos influier en otros que entiendan nuestro idioma, y mucho más si son fácilemente influenciables o miedosos.

Por ello, lo que diga, por decirlo así, un profesor, un padre, un marido, un jefe, un psicólogo, un maestro, un cura, o un iluminado cualquiera intentando infuir en nosotros o inducirnos a sentir alguna emoción (miedo o cualquier otra, aunque las otras emociones son menos fuertes que la del miedo, también sirven para lograr que hagamos lo que esos desaprensivos quieren, como puede ser el amor, o el cariño, la lástima, el respeto, o cualquier otro sentimiento que hará que quedemos a merced moral de esos desaprensivos) debemos tomarlo con mucho cuidado y pensando en que pueden estar intentando manipularnos para que les demos algo a esos depredadores (o aprendices de depredadores, pero no por ello menos dañinos).

Ojo. No confiarnos. Tratar de no lanzarnos a lo que primero nos llevaría nuestras reacción de buenas personas, sino tratar de conocer los motivos por los que esa persona nos dice lo que nos dice y actuar siempre de manera calmada y no dentro de un estado de excitación (cuando los reclutadores de hombres para morir en las guerras le contaban el rollo, utilizaban los recuros necesarios para logra momentos de sentimientos intensos en los oyentes para lograr que se alistase el mayor número posible, argumentando horrores que sufrirán los habitantes si los malos nos ganan,  honores que recibirán los héroes que vayan a la guerra, desprecio que recibirán los que no vayan, etc. etc., pero no nos dicen (seguramente tampoco lo saben) los motivos reales para ir a la guerra (bien puede ser porque el que manda quiere más riqueza, o no perder su silla, o impresionar a una mujer o a un hombre guapo por el que se pirra, o cualquier otro beneficio a sus bajos o altos instintos).

El miedo es la emoción más fuerte. Pero el resto de emociones también son fuertes, aunque menos: amor, odio, deseo sexual, lástima, cariño, envidia, amistad, etc. etc. etc. Y sabiéndolas utilzar de manera adecuada, los depredadores y desaprensivos pueden cazar y esclavizar a personas buenas e ingenuas, casi siempre necesitadas de creer en algo y que en un momento de debilidad moral, afectiva, económica, etc, etc, caen en las garras de esos desalmados (o desalmaditos y desalmalditos)

Bueno, es un rollo. me fui por los cerros de Ubeda y de O Xisto.

Quedan 5 rollos.

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