Pues ayer empecé bien en el desayuno, pero a las 12:00, que
no tenía pensado ir a comer, vino un chico para ver el piso, y como yo ya lo
conocía de antes, me cambié la ropa de trabajo y me puse la de calle y luego,
cuando se marchó, como ya estaba listo para marchar, decidí olvidar mi firme
intención de ayunar e ir al bar a comer una empanadilla gorda de carne (con
mucho aceite) y unos filetes de merluza con patatas fritas, todo ello con pan,
pero sin vino ni postre. Y luego a la noche al llegar a casa, que también tenía
intención de no cenar nada, pues no lo hice, por cualquier disculpa que puedo
poner, digamos, por ejemplo, que fue porque llovía y me mojé y al quitarme la
ropa y ponerme la ropa seca, cogí mas frío, que me encontraba con necesidad
urgentísima de meterle algo al cuerpo, y entonces comí algo: un gran tazón de
pan con leche y agua y un montón de pan más (compré pan de cea) con salchichón,
chorizo, jamón cocido y jamón serrano.
Bueno, hoy si que me hago el firme propósito de ayunar
(suena menos difícil que “no comer”) a partir de este desayuno que me estoy
tomando de un gran tazón de leche y agua lleno de pan (blanco para terminar ese
pan blanco que por equivocación compré), pero luego ayunaré el resto del día. Seguro,
pues llegué a Vigo con 75,4, luego 75,6, 75,8 y hoy 76,2: una auténtica
escalada bestial para recuperar lo perdido. Y no puede ser. Tiene que ser mi
mente la que triunfe a mi
deseo placentero de comer.
Aunque, por si acaso, me estoy tomando ahora mismo 2 galletitas que ayer me pusieron con el café de por la mañana y ayer no las tomé. Y además voy a tomar otras 2 dentro de un rato con el café. Y luego, luego, sí que empezaré a ayunar. Porque sino me sentiré un perdedor, igual que mi amigo Miguel, que lleva 4 semanas perdiendo al futbolín conmigo (ayer fue el único día que me ganó por 4 a 3).
No hay comentarios:
Publicar un comentario