miércoles, 12 de diciembre de 2012

75,8 Kg 12-DIC


El domingo a la mañana llegué a mi récord absoluto de 73,8 Kg y ya estaba mentalmente (con el deseo) como una moto y ya me veía esta semana en en 73 kg (ya dese el lunes, y con el objetivo de mantenerlos, esta vez sí, pues son justo 30 kilos menos de lo que pesaba antes del 14 de mayo)
Sin embargo no acerté exactamente: el lunes pesé 75,4 kgs (me había acostado el domingo por la noche con 76 kgs), a lo que le puedo encontrar la explicación de que mi cuerpo, que venía de una bajada brusca (como los picos de las cotizaciones bursátiles) y se repuso a la menor oportunidad para recuperar el peso perdido. Y yo se la dí ya el mismo domingo, en que me excedí un poco, tampoco mucho, y fue especialmente en la cena en casa de mi padre, que yo no tenía pensado cenar, pues había comido bastante (aunque no me acuerdo exactamente qué) y sin embargo, Merchi puso embutidos, polvorones, vino y, ¡claro!.

El lunes vine para Vigo, para seguir trabajando en el piso del Arenal con Miguel (un buen escayolista y pintor que lo conozco desde hace varios años). Desayuné un buen tazón de leche con pan (bueno, como siempre, más de la mitad agua) y luego al medio día comí en el bar con ¾ de litro de vino más ¾ de gaseosa y el plato del día con un montón de pan y, por supuesto, la magnífica tarta de galleta que tienen. Luego a la cena fiambre (de todo tipo y muy abundante) con un montón de pan (que no fue integral, pues me equivoqué en Alcampo y lo cogí extra blanco, pan candeal). Resultado: el martes a la mañana pesé 75,6 kilos.

El martes hice el propósito de no beber vino con gaseosa y comer menos pan a la comida, pero sólo lo cumplí en parte: tomé sólo agua pero con un montón de pan y la comida del plato del día, que por supuesto, incluyó un montón de patatas fritas y luego a la cena, que dije que no iba a cenar nada y, ¡plas! Una pizza entera y además una buena ración de fiambre variado con pan. Resultado: 200 gramos más: 75,8 kilos el miércoles a la mañana. Hoy.

Así, que me levanto, voy a buscar el coche, cojo el ordenador (que me lo había olvidado en el coche y no lo metí en el garaje porque lo tengo ocupado con césped artificial dividido en espacios separados por piedras bastante grandotas (aunque muchísimo menos que las que recogí el sábado) y no las quiero quitar porque son al estilo las separaciones de la cueva donde vivía Ayla con el Clan (la novela que estoy leyendo que me dejó una amiga, y que está muy interesante: hace que quiera mucho más las piedras, que siempre me gustaron, pero ahora mucho más y además creo que si no estuviese donde estoy estaría trabajando con piedras, como mi abuelo paterno (fue albañil y carpintero) y, nunca se sabe, igual en un futuro no muy lejano elijo ese camino (otra cosa es que las piedras me elijan a mi). 

Bueno, que hoy me acabo de terminar el desayuno (sólo un gran tazón de agua con nescafé y mucha sacarina -5 pastillitas- pues últimamente veo que las comidas me van perdiendo sabor, en especial el salado y también algo el dulce) y me hice el firme propósito de hoy no comer nada, para restablecer mañana el peso de 75 kilos o 74,8 kilos. Otra cosa es que a lo largo del día cambie de opinión.

Lo bueno que tiene el controlar el peso todos los días es que a la mañana puedes hacerte el firme propósito de corregir la desviación de los últimos días y puedes decidir “como menos” o “no como nada” o “no tomo el postre ni el pan” y así volver a ingerir menos calorías de las que gastas en un día y, por tanto, obligar a tu cuerpo que consuma tu propia grasa y, consecuentemente pesar menos en el siguiente control. Bueno, pues eso es lo que voy a hacer –siempre y cuando no cambie de idea-. Mañana lo sabremos.

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