El domingo a la mañana llegué a mi récord absoluto de 73,8
Kg y ya estaba mentalmente (con el deseo) como una moto y ya me veía esta
semana en en 73 kg (ya dese el lunes, y con el objetivo de mantenerlos, esta
vez sí, pues son justo 30 kilos menos de lo que pesaba antes del 14 de mayo)
Sin embargo no acerté exactamente: el lunes pesé 75,4 kgs
(me había acostado el domingo por la noche con 76 kgs), a lo que le puedo
encontrar la explicación de que mi cuerpo, que venía de una bajada brusca (como
los picos de las cotizaciones bursátiles) y se repuso a la menor oportunidad
para recuperar el peso perdido. Y yo se la dí ya el mismo domingo, en que me
excedí un poco, tampoco mucho, y fue especialmente en la cena en casa de mi
padre, que yo no tenía pensado cenar, pues había comido bastante (aunque no me
acuerdo exactamente qué) y sin embargo, Merchi puso embutidos, polvorones, vino
y, ¡claro!.
El lunes vine para Vigo, para seguir trabajando en el piso
del Arenal con Miguel (un buen escayolista y pintor que lo conozco desde hace
varios años). Desayuné un buen tazón de leche con pan (bueno, como siempre, más
de la mitad agua) y luego al medio día comí en el bar con ¾ de litro de vino
más ¾ de gaseosa y el plato del día con un montón de pan y, por supuesto, la
magnífica tarta de galleta que tienen. Luego a la cena fiambre (de todo tipo y
muy abundante) con un montón de pan (que no fue integral, pues me equivoqué en
Alcampo y lo cogí extra blanco, pan candeal). Resultado: el martes a la mañana
pesé 75,6 kilos.
El martes hice el propósito de no beber vino con gaseosa y
comer menos pan a la comida, pero sólo lo cumplí en parte: tomé sólo agua pero
con un montón de pan y la comida del plato del día, que por supuesto, incluyó
un montón de patatas fritas y luego a la cena, que dije que no iba a cenar nada
y, ¡plas! Una pizza entera y además una buena ración de fiambre variado con
pan. Resultado: 200 gramos más: 75,8 kilos el miércoles a la mañana. Hoy.
Así, que me levanto, voy a buscar el coche, cojo el
ordenador (que me lo había olvidado en el coche y no lo metí en el garaje
porque lo tengo ocupado con césped artificial dividido en espacios separados
por piedras bastante grandotas (aunque muchísimo menos que las que recogí el
sábado) y no las quiero quitar porque son al estilo las separaciones de la
cueva donde vivía Ayla con el Clan (la novela que estoy leyendo que me dejó una
amiga, y que está muy interesante: hace que quiera mucho más las piedras, que
siempre me gustaron, pero ahora mucho más y además creo que si no estuviese
donde estoy estaría trabajando con piedras, como mi abuelo paterno (fue albañil
y carpintero) y, nunca se sabe, igual en un futuro no muy lejano elijo ese
camino (otra cosa es que las piedras me elijan a mi).
Bueno, que hoy me acabo
de terminar el desayuno (sólo un gran tazón de agua con nescafé y mucha
sacarina -5 pastillitas- pues últimamente veo que las comidas me van perdiendo
sabor, en especial el salado y también algo el dulce) y me hice el firme
propósito de hoy no comer nada, para restablecer mañana el peso de 75 kilos o
74,8 kilos. Otra cosa es que a lo largo del día cambie de opinión.
Lo bueno que tiene el controlar el peso todos los días es
que a la mañana puedes hacerte el firme propósito de corregir la desviación de
los últimos días y puedes decidir “como menos” o “no como nada” o “no tomo el
postre ni el pan” y así volver a ingerir menos calorías de las que gastas en un
día y, por tanto, obligar a tu cuerpo que consuma tu propia grasa y,
consecuentemente pesar menos en el siguiente control. Bueno, pues eso es lo que
voy a hacer –siempre y cuando no cambie de idea-. Mañana lo sabremos.
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