sábado, 2 de febrero de 2013

YA LO SABEN MIS HIJOS

Alberto, fue el primero en leerlo. Se quedó callado. No lloró, pero sí se le pusieron los ojos tristes y alguna lágrima dejó caer. Sin embargo escribió un comentario. Victoria también, pues quiero que primero respondan según ellos entienden esta tragedia. Victoria aún está haciendo su comentario.

Mi mujer lo leyó, sin embargo, -por eso también la quiero- pensó que como lo escribo en internet donde lo puede leer todo el mundo, no pudo ser muy grave. Me alegra mucho constatar que todavía guardo sorpresas para ella. Se recordará muchos años de ésta.

Sigo: Victoria ya vino y puso su comentario. Voy a leerlo y a respondérselo

Había unos 800 kilos de oro y yo robé una parte pequeñísima y, según mi mujer, puse en peligro ya no sólo mi vida, sino la de nuestra familia. Está muy enfadada y sobre todo porque mi hijo pequeño al leerlo se conmocionó finalmente y se puso a pegarme, después de leerlo todo y de explicarles como fue. No me dejó explicarle las razones que me llevaron a ello. Ahora está Victoria tratando de hacerlo entender que somos distintos unos de otros y que no se puede idealizar a nadie, y mucho menos a un padre o a una madre. Se debe tener conciencia que los padres son exactamente igual al resto de personas del mundo: tienes sus defectos (más o menos grandes) y cometen sus faltas (también más o menos grandes), vamos, que son personas como todas las del mundo. Sólo hay un padre perfecto, y eso sólo en el imaginario colectivo y en la fe. El resto somos todos personas, ni más ni menos, con todas nuestras flaquezas, vicios, deseos, secretos, complejos, temores, y también encantos y aspectos maravillosos, que hasta el asesino más despiadado puede tener con personas allegadas, incluso el más desequilibrado del mundo puede tener sus momentos de lucidez en que resulta maravilloso. Será un mal bicho durante todos los días de su vida, pero en algún instante y con alguien o algo, seguro que mostrará su parte buenas. Si uno tiene interés puede descubrirla y disfrutar de ella, aunque con el peligro de convivir con un asesino despiadado.

Bueno, a lo que íbamos. El oro que cogí no me servirá para nada, una por la poca cantidad que es y 2, porque creo que mi mujer no me va a dejar quedármelo. Por ahora me echó una bronca de cuidado y creo que no va a guardar el secreto.

De todas maneras, yo ahora, después de que lo saben las personas que quiero, ya me encuentro muchísimo mejor y ellos también, salvo Alberto que sigue todavía algo resentido conmigo. Les enseñé el tesoro y les dije que se lo daba, que era todo suyo. Que yo sólo quería una parte pequeña, que de hecho voy a cogerla ahora mismo. Luego, si no tengo que entretenerme dando explicaciones y si no vienen todavía a por mi, seguiré escribiendo más. Por lo menos a disfrutar un poco de la parte del tesoro que me quiero quedar.


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