Se ve que el comer sin ton ni son ayer me pasó factura. Lo peor creo que no fue la barbaridad de la ingesta desmedida y sin sentido de multitud de cosas a lo largo de la mañana ni casi toda la bandeja de pastas que trajo el padrino al medio día, sino que fue muy especialmente que a la noche la abuela trajo una bolsa enorme de orejas, de las cuales comí a reventar (sin tener hambre ninguna) y bueno, ahora el castigo de encontrarme con nada más y nada menos que 2 kilos y trescientos gramos más que ayer a la misma hora.
Ya veremos como actúo hoy, aunque lo más adecuado para restablecer el peso de ayer sería no comer nada, que por otra parte me vendría bien para solucionar la enorme pesadez de estómago con la que he levantado hace media hora. Iré a tomarme una manzanilla (en toda mi vida, las manzanillas que tomé creo que pueden contarse con los dedos de mis manos y aún sobraría alguno)
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